El sonido como personaje oculto: el sound design de Tár y su construcción de la ansiedad
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El sonido como personaje oculto: el sound design de Tár y la construcción de la ansiedad
La película Tár (2022), dirigida por Todd Field, redefine el papel del sonido en la narrativa cinematográfica contemporánea. Más que un complemento, el diseño sonoro se convierte en un elemento activo, capaz de transmitir la psicología de los personajes sin recurrir a diálogos o música incidental. Este enfoque, planificado desde las primeras etapas de producción, plantea interrogantes sobre cómo el sonido puede moldear la experiencia del espectador.
La arquitectura del silencio: cuando el sonido reemplaza al diálogo
En Tár, el silencio no es ausencia, sino una presencia deliberada. La película evita los diálogos expositivos en momentos clave, delegando la tensión a una paleta sonora que oscila entre lo casi imperceptible y lo abrumador. La colaboración entre Todd Field y el diseñador de sonido Johnnie Burn —conocido por su trabajo en Under the Skin (2013) y The Lobster (2015)— se desarrolló como un proceso integrado desde las primeras fases creativas.
Un ejemplo destacado es la secuencia del ensayo orquestal. Mientras Lydia Tár (Cate Blanchett) dirige, el sonido no se limita a la música interpretada. Se superponen capas de respiraciones contenidas, roces de partituras y crujidos de sillas, creando una atmósfera opresiva que refleja el estado emocional de la protagonista. Estos detalles no surgieron en postproducción, sino que fueron concebidos durante la escritura del guion y discutidos con el departamento de dirección de arte para asegurar que los espacios físicos —como la sala de ensayos— amplificaran ciertos sonidos.
A diferencia de composiciones como las de There Will Be Blood (2007), donde la música de Jonny Greenwood subraya cada giro dramático, Tár prescinde casi por completo de música incidental. El silencio y los ruidos ambientales asumen el rol de guiar al espectador, una decisión que requiere una planificación sonora desde las primeras etapas de producción.
Técnicas para moldear la incomodidad: frecuencias, capas y espacialización
El diseño sonoro de Tár emplea recursos técnicos poco convencionales para generar malestar en el espectador. Una de las estrategias más discutidas es el uso de frecuencias bajas, que, aunque no siempre audibles, pueden inducir sensaciones de ansiedad. Algunos estudios en psicoacústica sugieren que estas frecuencias podrían activar respuestas fisiológicas, y en Tár se integran de manera sutil en escenas clave, como el colapso de Lydia durante un concierto.
Otra técnica relevante es la superposición de capas sonoras. En lugar de limitarse a diálogos o música, el equipo de sonido incorporó sonidos corporales —respiraciones, pasos, roces de ropa— como elementos narrativos. Esta aproximación convierte el ruido ambiental en una textura de tensión, donde cada detalle contribuye a la sensación de claustrofobia. Para lograrlo, se utilizaron micrófonos de contacto, que capturan vibraciones directamente de las superficies, y grabaciones binaurales, que simulan la percepción espacial del oído humano.

La mezcla en Dolby Atmos permitió espacializar la ansiedad. A diferencia del sonido estéreo tradicional, Atmos posiciona sonidos en un espacio tridimensional, creando la ilusión de que provienen de lugares específicos dentro de la sala. En Tár, esto se usó para aislar sonidos como el tic-tac de un reloj o el zumbido de un fluorescente, haciéndolos sentir como amenazas inminentes. La ausencia de música incidental refuerza este efecto: al no haber un score que guíe las emociones, el espectador llena los vacíos con su propia interpretación, intensificando la incomodidad.
Comparación con otros enfoques narrativos
El uso del sonido para transmitir psicología no es nuevo. Películas como Under the Skin o There Will Be Blood también exploraron cómo el diseño sonoro puede influir en la percepción. Sin embargo, Tár se distingue por su minimalismo. Mientras Under the Skin emplea sonidos abstractos para crear alienación y There Will Be Blood usa la música como herramienta dramática, Tár opta por una paleta sonora cercana al realismo, donde la tensión surge de la acumulación de detalles cotidianos.
Esta diferencia radica en la metodología. En Tár, el sonido no fue un complemento, sino un eje creativo desde el guion. Se han reportado anotaciones específicas en el script que describían ambientes sonoros en lugar de diálogos. Por ejemplo, en la escena del apartamento de Lydia, el guion detallaba no solo la acción, sino también los sonidos que debían destacarse: el eco de los pasos, el crujido del parqué o el zumbido del refrigerador. Estos sound breakdowns permitieron al departamento de dirección de arte diseñar espacios que potenciaran ciertos sonidos, como techos altos para amplificar el eco o materiales absorbentes para aislar otros.
Preproducción sonora: el sonido como elemento narrativo
La integración del sonido en las primeras fases de producción sigue siendo una práctica poco extendida, pero Tár demuestra sus ventajas. Tradicionalmente, el sound design se aborda en postproducción, como un paso final para ajustar lo grabado. Sin embargo, en esta película, el sonido se trató como un departamento creativo desde el inicio, influyendo en decisiones de rodaje y diseño de producción.
La colaboración entre el equipo de sonido y el departamento de dirección de arte fue clave. Por ejemplo, las salas de ensayo y los teatros donde se filmaron las escenas orquestales se diseñaron no solo para ser visualmente impactantes, sino también para potenciar ciertos sonidos. Los materiales de construcción, la acústica de los espacios y la disposición de los objetos se planificaron para facilitar la captura de sonidos específicos, como el roce de las partituras o el eco de los pasos.
Este enfoque requiere un cambio en el workflow cinematográfico. En lugar de ver el sonido como un añadido, los equipos deben considerarlo como un elemento narrativo activo, con sus propias necesidades técnicas. Para proyectos con presupuestos limitados, esto puede implicar ajustes, como priorizar la grabación de room tones durante el rodaje o usar micrófonos direccionales para aislar sonidos clave. Los resultados, como se observa en Tár, pueden ser transformadores.

Lecciones para producciones con recursos limitados
Aunque Tár contó con un presupuesto considerable, sus técnicas pueden adaptarse a proyectos más modestos. La clave está en la planificación:
- Incluir sound breakdowns en el guion, detallando qué sonidos deben destacarse en cada escena.
- Colaborar con el departamento de dirección de arte para diseñar espacios que potencien la acústica deseada.
- Grabar room tones y sonidos ambientales durante el rodaje, en lugar de depender de bibliotecas genéricas en postproducción.
- Usar micrófonos de contacto o grabadoras portátiles para capturar sonidos corporales o detalles específicos.
Estas prácticas no requieren tecnología costosa, sino una mentalidad que priorice el sonido como parte integral de la narrativa.
El legado de Tár: hacia un cine donde el sonido dirige la emoción
El impacto de Tár en la industria audiovisual trasciende su recepción crítica —que incluyó premios como el Oscar y el BAFTA al mejor sonido—. La película ha generado un interés creciente por integrar el sonido desde la preproducción, aunque persisten desafíos, especialmente en proyectos con presupuestos ajustados.
Uno de los debates que ha surgido es si el sonido puede convertirse en una herramienta emocional tan poderosa como el primer plano. Tradicionalmente, el close-up ha sido la herramienta por excelencia para transmitir intimidad o tensión. Sin embargo, Tár demuestra que el sonido puede lograr un efecto similar, e incluso más inmersivo, al apelar directamente a la percepción sensorial. Esta idea ha llevado a algunos cineastas a experimentar con mezclas en Dolby Atmos o grabaciones binaurales para crear experiencias más envolventes.

Para equipos que trabajan con recursos limitados, la lección de Tár es clara: la creatividad puede compensar la falta de tecnología. Herramientas accesibles, como grabadoras portátiles o micrófonos de contacto, pueden generar efectos poderosos. Lo esencial es tratar el sonido como un elemento narrativo activo, no como un complemento.
Recursos para profesionales
Para quienes busquen integrar estas técnicas en sus proyectos, existen herramientas y workflows accesibles:
- Grabación de campo: Equipos como el Zoom F6 o el Sound Devices MixPre-3 permiten capturar sonidos de alta calidad en rodaje.
- Edición y mezcla: Software como Pro Tools, Reaper o Audacity ofrecen opciones para superponer capas sonoras y experimentar con frecuencias.
- Bibliotecas de sonido: Plataformas como Soundsnap o Epidemic Sound proporcionan sonidos ambientales y efectos que pueden adaptarse a necesidades específicas.
- Formación: Cursos en plataformas especializadas o tutoriales en línea pueden ayudar a entender conceptos básicos de psicoacústica y diseño sonoro.
Conclusión: el sonido como protagonista invisible
Tár no es solo una película sobre una directora de orquesta en crisis; es una demostración de cómo el sonido puede ser tan expresivo como la actuación, la fotografía o el guion. Su enfoque disruptivo —que prioriza el silencio sobre el diálogo y el ruido ambiental sobre la música— desafía las convenciones del cine contemporáneo y plantea una pregunta fundamental: ¿cuánto de lo que sentimos al ver una película depende de lo que escuchamos?
La ansiedad de Lydia Tár no se construye con palabras, sino con sonidos aparentemente insignificantes: el crujido de una silla, el eco de un suspiro. Este es el poder del sound design cuando se trata como un elemento activo, no como un telón de fondo. Para los profesionales de la producción audiovisual, el mensaje es claro: el sonido merece un lugar en la mesa desde el primer día de preproducción. No como un añadido, sino como un componente esencial del lenguaje cinematográfico.
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